viernes, enero 30, 2009


También Julio Obeso se adentra con resolución -en el decir en prosa-, voz de recorrido largo que reúne sin interrupción el fecundo universo que guarda en su interior.

Creo que las gacelas, cuando son veloces cenizas y tan sólo abarcan el territorio de su sombra, se parecen a la melancolía. Aunque guarden en su boca el gusto irrepetible de la clorofila, la sal, que no deja de ser un cansancio hipertenso, encuera el anverso de la lengua (probad a decir algo sencillo: “día aciago, luz perversa” si las hormigas que adormecen la envenenaron): Un día, otro día y otro día.
Apezuñan arenas repetidas, carboncillos humeantes bajo el contraste de cualquier horizonte, hasta que anochece y se encienden íntimas para consumirse sin brillo. ¿Cómo espabilar a herbívoros sin hierba? Nada es menos apetecible que los gusanos si te devoran gusanos, que el aire si ardes por accidente, que las palabras urgentes cuando de pausa o maniatado enmudeces: Un día, otro día y otro día.
Imagino camadas pendientes de ubres tristísimas, con bigotes de arcilla que el instinto empuja hacia el alma (por decir lo de adentro), secando lo enviciado por el rocío, testando el aire que se detuvo a medir desiertos. Crece la alerta: ¿Qué depredador o duda atacaría siluetas, cuando ni los fúnebres revolotean? Pero no es alarma por la vida, sólo hambre atenta, hartazgo de lo repetido: Un día, otro día y otro día.


Julio Obeso

4 comentarios:

Julio Obeso González dijo...

Gracias Antonio, tu dedicación y compromiso con esta rara forma de expresión -vital por otro lado- que es la poesía, gana adeptos cada vez que te manifiestas.
Este espacio que hoy me brindas, será de obligada lectura, tiempo al tiempo.
Un abrazo grande, amigo mío.
Julio

Viktor Gómez dijo...

ENORME, Julio.

me resultó muy descolocador
y con ello se revela la rebelión,
salto de gacela o primer brote de tinta verde sobre la camisa de dios. Así me lo juraban, ateas,
las lianas de los árboles, los
juncos grises, el aire gris, el
tamiz de un agua barrosa, mi sed
abierta como una cortina de sombra
junto a la música de los toltecas.

¿era amor lo que pisabas
y no yerba?

Era lo mínimo, cubriendo
cada rincón de ese lugar
recién nacido: Tu poética.
Perfume francés
en el cuerpo mestizo
de una mujer resuelta
en platino y ceniza.


Un abrazo grande
para el divulgador Antonio,
poeta infatigable de la acción,
y para tí, compañero
del alma, compañero.



Víktor

Ana María Espinosa dijo...

Julio: Tu prosa resplandece, es fuego que espera paciente arder y en ese arder iluminar nuestra oscuridad. Es cuestión de tiempo.

Un abrazo para Antonio por encender el candil y a Víctor por avivar las llamas.

Antonio Martínez i Ferrer dijo...

Encontrar un espacio para ser y decir, para estrechar afectos y ser eco de voces tan wntrañables.

Antonio.