domingo, abril 05, 2009


Ternura, fidelidad, fuerza, por estos espacios se mueve este canto lleno de músicas y de encuentros. Cuanto amor relata la profunda sensibilidad de Víctor Gómez con un lenguaje próximo que nos deja dentro de lo que cuenta y nos hace acompañar, en la cuesta, a los protagonistas de tan entrañable historia.


Al poeta Miguel Ángel Curiel

Ten en el lomo, burrito, la niña callada.
Llévala con cuidado, que subimos sin
agarre por una cornisa de este monte
ante la gran desnudez de la nieve intacta.
Si ya no fuera tan tarde, oigo tañer morado.
Piececitos azules, -asules - que decía mi niña,
ya no siento la noche, ya no siento las luces
del pueblo. ¿Nos hemos perdido? ¿Quién llora?
¿nadie responde? Vuelve a crecerse la lluvia
y doblan la cuesta embarrada el mulo y mi sombra.
solos, solos, solos con la niña ajada y húmeda.
¡Qué luto tan incontestable, la distancia sin distancia,
lo agotadora cuesta, las aguas que ni pueden
con la nieve clavada en mi sangre!
Quería haberte vendido en primavera, viejo burrito
y esta nochepudiste tu solo con toda la muerte
y toda la pena... vecinos de nosotros
se reían ayer tarde
porque no sabían de la resistencia
tuya, de tu lealtad. Que rían ahora, ahora, negro el camino
y la nieve negra. Traemos la vida, pálida y huérfana.


Víctor Gómez

( 18-dic-2008) Valencia)

4 comentarios:

Ana María Espinosa dijo...

¡Qué maravilla de poema Víktor!

Antonio Martínez i Ferrer dijo...

Mi querida Ana, es evidente la profunda sensibilidad de nuestro común amigo Víctor.

Si lo deseas, espero tu poema.

Un abrazo, Antonio.

Mónica dijo...

Precioso poema!

Bsss. Nos vemos ¿si?

Mónica Angelino dijo...

Podía ver las imagines mientras leía!!

Un beso