miércoles, diciembre 21, 2011

nostalgia

Enramado nostálgico, A. M. i F.


LA MEDIDA DE MI MADRE


Begoña Abad


Vendió las puertas

y se quedó con el espacio.

El espacio nunca tiene puertas,

se adapta al continente

del tiempo y la memoria.

En él nos cabe todo.

Se vuelve a revivir el membrillo

que ya no existe,

la madreselva que vino y se fue.

El ruido del arroyo que se secó,

la risa de los niños

que aprendieron a llorar

colgándose los sueños a la espalda.

Las fresas silvestres que descubrimos,

una tarde tumbados en la hierba,

cuando la mano delicada

avanzó distraída

hacia otra mano firme

que ya contenía dentro

nuestro propio corazón.


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