domingo, marzo 20, 2011

Metrópolis: George Gros


Uberto stabile

Empire eleison

Empire State
"Nada hay bueno ni malo, si el pensamiento no lo hace tal"
WILLIAM SHAKESPEARE

Heridos de muerte por el filo del iceberg
como rayo esquivo s
obre la noche del océano
nos disponemos a la deriva.
Ya no soñamos
construimos silencios en el verbo
tumbas ciénagas sin epitáfio alguno
donde cobijar las anónimas mortajas.
Escuchamos sus pisadas
bajo el puente de mando
el ir y venir de los turistas y francotiradores.
Desde la sala de máquinas
corazón y vientre de la gigantesca nave
la voz oculta la auténtica tragedia.
El telegrafista emite señales de auxilio
mientras nosotros repetimos
la sórdida oración de las horas
tras la horas.
En el diario de abordo
el capitán omitió al cuarteto de jazz
y al polizón de tez morena
escondido en la sentina,
ninguno de ellos aparecerá
en el recuento final.
Pero todavía tenemos tiempo
de leernos en los ojos el miedo
las listas de nombres expuestas
en las paredes del pueto.
macabra lotería del destino
que gratifica la pobreza del billete.


Y cuando atisbamos Nueva York
adivinamos los gritos de hambre
a la sombra de la Gran Torre
hiriendo codiciosamente
el cielo de América.
Y tuvimos miedo al ver tanta gente desesperada
atravesar la puerta del Paraíso
para procurarse
una pequeña porción de Infierno.
Acorralados como hormigas
en un plano sin límites
construimos dioses verticales
para adivinar las fronteras
de nuestra indigencia.
Invierno tras invierno
a la sombra de la Historia
con la esperanza desgarrada por celebrar
primaveras que nunca se consagran,
sobrevivimos a base de golpes
y empujones,
bajo el delirante subsuelo del consumo
y el mercado de valores.


Y tuvimos que aceptar su cruel belleza
porque descubrimos que nada es eterno,
ni la palabra de Dios,
ni la palabra del Hombre,
ni los campos de girasoles
que año tras año
repiten el ciclo de la existencia.
Desconsolados
y abandonados a nuestra suerte
inventamos máquinas
para no tener que soportar
el pesado vacío del Tiempo,
y construímos nuevas ciudades
y de nuevo,
para olvidar qué solos estábamos,
erigimos gigantes hacia el cielo
que nos recordaran
nuestra efímero grandeza.


Encendimos entonces
la pupila de la historia contemporánea
y los televisores
- como los antiguos profetas -
nos permitieron entrar
en el ojo del huracán,
y fuimos espectadores de obras
que nunca debieron ser escritas,
y vimos la muerte en directo;
miles de bombas cayendo sobre Saigón,
cayendo sobre Beirut y Bagdad,
bombas cayendo
sobre los suburbios de Río,
colocadas espectacularmente
en la platea de los desposeídos.
Como una gran antena del planeta
ella nos reveló la nueva fiebre del oro
la loca devaluación de la moneda
la irracional deuda
de los países más pobres
y las bolsas de miseria de Africa
y América Latina.
Descubrimos que la realidad
dificilmente puede transmitirse
donde la mirada es compleja
y forma parte del ojo.


Y por encima del bien y del mal
la Torre se alza soberbia
indiferente al desasosiego de los hombres.
Colofón de un Gólgota
que ha remontado los siglos
se contempla a sí misma y nos mira
y nos despide
desde cualquier parte del mundo
cuando el cielo púrpura
en el horizonte
abre las pantallas de un sueño milimetrado
del que muchos no lograrán despertar.
Erguida
como un nuevo tótem de la modernidad
adorado becerro de quienes entendieron
que la vida con otra vida se paga
tan sólo recuerda un mal montado y tristemente
The End.

1 comentario:

Isidoro dijo...

Me ha encantado ese poema. Normalmente no leo poesía porque no me suele gustar pero esta me encanta. De que libro es que quiero leerlo pues es una enciclopedia de la vida real.