domingo, noviembre 22, 2009


David González
EL DEMONIO TE COMA LAS OREJAS

ROGER WOLFE
Camarada, esto no es un libro;
quien toca esto, toca un hombre.


EL CAJERO AUTOMÁTICO

Voy a la caja
de ahorros
de Asturias
a cobrar un cheque
de la Fundación Municipal
de Cultura.
Un cheque por valor
de seis mil pesetas,
por la venta de cuatro
ejemplares de mi último
libro de poemas.
Cuando por fin
llega mi turno
y me acerco a la ventanilla,
el cajero
me mira con desconfianza,
me mira como si yo fuera
a sacar en cualquier momento
una pistola y gritar
¡Esto es un atraco!
¡Manos arriba todo el mundo!.
Me exige el carné de identidad,
lo examina cuidadosamente
y después se levanta, sale
y observo que se pone
a charlar con otra persona
y que los dos me miran
y menean sus cabezas.
Luego mi cajero vuelve,
pero todavía se demora
un poco más consultando
no sé qué en unos archivos.
Finalmente, de mala gana,
me acepta el cheque.
Y todo esto
porque ha visto mis tatuajes.
Los dos tatuajes
que llevo en las manos.
En la izquierda,
la estrella de David.
En la derecha,
el rostro
y el bastón de Charles Chaplin.
Pero él, en la estrella
no reconoce el símbolo
de la libertad,
y en el rostro
y en el bastón de Charlot,
no descubre el humor,
la carcajada,
la risa sana.
No. Él no ve nada de eso.
Solo ve dos jodidos tatuajes,
y en consecuencia, una cárcel,
y por tanto, un ex
presidiario.
Yo.

1 comentario:

Chole dijo...

un poema de David increíble, impactante, me he quedado sorprendido al leerlo por la similitud con algunos aspectos de mi poema "sin corbata"...pues aunque nada tienen que ver...dicen cosas muy serias y muy parecidas.
¡esta tarde es una tarde de sorpresas!
Javier García Moreno