domingo, junio 24, 2018












Angustia







Antonio Martínez i Ferrer






De las violentas humedades, de
los lugares donde se entrecruzan
residuos de tormentas y sollozos,
viene
esta pena arterial, esta memoria
despedazada.
Aún enloquecen
aquellas madres en mis venas.

Antonio Gamoneda.

CONTRA EL CERCO DEL SILENCIO




El lector que quiera abismarse en los poemas que este nuevo libro de Antonio Martínez recoge, ha de enfrentarse abiertamente con dos cuestiones de peso que habrán de desbordarle más allá del ejercicio de la mera lectura. La primera, si es posible la esperanza en los escenarios del desastre. La segunda, si es posible vencer los silencios con los que se ha poblado este tiempo –el nuestro–, marcado por los signos de una terrible invisibilización de las víctimas.

La llegada a nuestra casa del mecanuscrito de Angustia coincidió con la presentación pública del útimo poemario de Marc Granell, un poeta que siento particularmente unido a la pasta insorbonable de la que está hecho Antonio Martínez, y no sólo por las coincidencias de una misma geografía y por el uso de la misma lengua, sino sobre todo por esa voluntad –presente en ambos– de dar relevancia en sus respectivas obras poéticas, y de un modo crítico, al martilleante estado de nuestro mundo, acuciado por una lamentable pérdida de la memoria histórica y por la consignación de un sistemático ninguneamiento de los perdedores –aquí, especialmente, de las mujeres– en las cunetas de la Historia. En aquella presentación, alguien le preguntaba a Marc Granell sobre si era posible esperar de su propia poesía (tan cercana a la verdad de los hechos de nuestro tiempo) un solo guiño para la esperanza. Y Granell respondía –y traduzco aquí, al castellano, lo que recuerdo de aquella respuesta– que “sólo ella, la esperanza de transformar la realidad, fue la que me condujo a escribir este tipo de poemas”.

Bien: creo sinceramente que esta terca voluntad por nombrar el mundo desde el lado de una indignación que anhela –por encima de todo– un acto definitivo de justicia, es ampliamente compartida por Antonio Martínez Ferrer, e incluso en su dicción más trágica. Como en otros libros suyos anteriores, los poemas de Angustia enarbolan esa proclama que, a pie de mundo (como casi siguiendo los titulares de una masacre diaria), acoge sin remedio las voces del miedo y las tripas del terror. Contra el cerco de silencios y de olvidos con que se nos va acorralando, hablar –y hablar sin mentir– se convierte así en la urgencia del poeta y en la terquedad de la esperanza. Antonio Martínez moviliza su saber literario –y su vida entera– en este doble, necesario, frente.

Las tensiones que desata toda poesía política son de índole estrictamente espiritual (siempre sobre la base de las condiciones materiales de la vida) y se cifran en tres direcciones: si es posible la esperanza en un mundo repleto de víctimas; si tienen nuestros muertos un futuro (y si es factible llamarlos nuestros muertos) y; si cabe entre nosotros (moradores de una vida cómplice con el sistema que los produce) la posibilidad de una vida plena y resistente que podamos, finalmente, celebrar. Por todo ello, bien se puede decir que lo que despliega este libro –necesario– de Antonio es, en su estallido de rabia encarnada, una poesía de combate.

Así, los poemas que estas líneas prologan han querido enfrentarse, de manera radical, a otro libro que el propio poeta consigna como “libro del silencio”. En sus páginas de infamia, nuestro tiempo parece estar escribiéndose desde la amnesia histórica (que deja huérfanos y sin futuro a quienes son arrollados por los perros del Amo y a quienes murieron por causa de la justicia) y desde ese proyecto de “invisibilización total” del que hace gala el capitalismo avanzado (que escamotea del orden del día a un buen número de personas y pueblos acribillados por la mentira y la intolerancia más flagrantes). Con silencios, con borrados continuos en las puertas de la vida, con enterramientos terribles –lo denuncia este poeta que no ha cerrado los ojos– se teje la trama de los poderes de nuestro tiempo y basta esta pérdida en la voz para mantener en el silencio la posibilidad de una esperanza, la posibilidad de una rebelión.

Antonio Martínez, como ya hiciera en El rumor del patio y en Corre, corre, niño de arena, es un poeta (como los hay pocos en nuestras latitudes) que ha querido romper con esa trama cómplice de silencios bastardos. Es suficiente la voz de este poeta valenciano para decir NO, para decir BASTA, para decir AHÍ, las tres palabras con las que empieza el libro de la resistencia, el libro de la indignación, así como toda poesía que se niegue a escamotear el espesor de lo verdaderamente humano. No trate el lector de buscar en estas páginas un “programa para salir del atolladero”. Arriésguese más bien a sentir –junto con su autor– cómo “el amo / escupe nudos de silencio / para trenzar oscuridades” y cómo se nos vuelve inaplazable, ante este estado de cosas, proclamar con rabia la palabra capaz de romper los consensos. De una vez por todas, la palabra capaz de negarse a ser cómplice en las mentiras del mundo.

Enrique Falcón
(Barrio del Cristo, Valencia, febrero de 2006)
 

Sola, cansados los huesos
sufrido el pellejo.

Amanece, el taller despierta
allí dentro esperan
hierros moldeados
para el sufrimiento.

El salario corto,
la jornada larga,
el vivir incierto,
y allá en la chabola
de cuatro maderos,
como vieja barca
entre barro y cieno
los hijos descalzos,
los hijos hambrientos.

Pozo del tío Raimundo Madrid 1972
yo ciudadano del mundo
hijo de mujer
parido en el año de desgracia de 1939 amamantado
en la leche-sangre del sufrimiento
declaro la guerra
a la opresión de género

desde las atalayas
del atrevimiento
llamo a la razón
para que convoque
a los pueblos de la justicia
a fin de restituir la dignidad humana
de todas las abuelas
madres hijas hermanas y amantes

así mismo
en señal de aceptación al objetivo señalado
pido
que en la puerta
de todos los corazones
sea expuesta esta proclama

en el mundo a 2003 año del atrevimiento





en la tarde de este día
que no sé si existe
me he sentado
en el espacio de escuchar

de todos los amaneceres
las voces de mujer
se ponen en camino
con paso de mirada liberadora

caminan respirando
al grito ancestral del sufrimiento
conocí la compañera
de los trabajos interminables

la amiga amante
olvidada
en los prostíbulos de la ignominia

la madre presurosa
por encontrar el reposo
en la huida

la hermana
de mirada secuestrada
por el velo de las sombras

la hija de las mutilaciones
en donde se eterniza
el dolor

y desde el interior
de todas ellas
la larga y dolorosa agonía
de la mujer lapidada









Qué escasa es la sonrisa,
qué abundante el llanto.


Cuánta tristeza se teje
en los mercados de la carne.
En el sueño
de una noche cualquiera
me dirigí al tiempo
de las crueldades olvidadas.

Un universo de silencios
llenó
los diccionarios rotos
de mi voz.

Por miradores de fuego
decidí caminar
hacia horizontes
nacidos sin nombre;
sentí en la piel
el espanto
de las jóvenes madres.

El mercado del infortunio
está abierto día y noche.
En la esquina del disimulo
se ha perdido
la sombra de una libertad.

Qué importa
la mano tendida
atando ausencias.

La astucia del deseo
se comerá las huellas
para no ser descubierta.

La herida describe
círculos sin ventana.

La niña no es niña,
han vendido su risa.
El dolor sin voz
marcó el sueño
en los pechos de la vida.

Niña del pequeño sol en la frente
tu mano escasa
nació esclava del infortunio.

Antes de soñar,
sierva.

Antes de reír,
violada.

Pobre voz
sin juegos en la palabra.
En la soledad,
mis pasos
dibujan caminos imposibles,
entre tiempos
podridos de intenciones.

Los encuentros
perdieron la luz en la mirada,

Los brotes de la mañana
no conocen su destino.

Tristeza, sobre tristeza
en el sinfín de la noria
que pernocta
en el código de castas.
Atada al sufrimiento
duermes vacía de ti
entre sábanas
de vergüenza.

En la feria de la vida
la razón
ha desertado.

El viento desconoce tu voz.

Qué sola estas
en el laberinto de las infamias.

Si levantas la mirada,
si dignificas el tono,
el repudio del amo
es inclemente.

El día de las palabras
se ha suicidado.
¡Cuantas mejillas abrasadas!

¡Cuantos ojos sin luz!

¡Como estalla el grito
después que golpea el ácido!

Arde la sonrisa
y desaparece.
La madre,
la amante,
la hermana y la abuela
abrazadas en el terror.

Desde tú-mí soledad,
se que me miras-miro

mi dolor rompe en palabras,
solo palabra, palabras.

¡Reconozco los escorpiones!
¡Qué sola la voz de la madre!

¡Qué triste la voz de la hermana!

¡Qué lejos la voz de la abuela!

¡Qué grito el de la amante!












La ablación.

Lengua de acero
con apetito de sangre.
Acechando
en el rellano
de las esquinas imposibles
atenaza
el diente de la oscuridad
para eternizar la ira.

La presa
no conoce el sonido
al paso del verdugo.

Su espacio ignora
el camino de la huida.

¿Si el dolor se acerca
por qué no puedo darte la mano?
El visitante de la sangre
olió la presa inocente.

Visitó la infancia,
para romper el vínculo
de la temprana gracia.

El primer rocío,
se ha perdido.

Que tristeza,
el peregrino de la claridad
no podrá encontrarla.
Todos los vientos
se establecen
en la mirada del verdugo.

Códigos
destinados a la brutalidad.

Mano sin alma
con voluntad
de fiera sangrienta.
y mirada asesina.
El brazo de la rabia
armado con el metal de la ira
mutiló la risa
y exterminó
los amaneceres del amor.

Cuanta tristeza,

el viento no trae caricias,

los días posibles
han sido enterrados.

¿Por qué el árbol no grita?

¿Por qué la tarde
vuelve la mirada
hacia el lado de los silencios?

¿Dónde su Dios?
Nadie escuchó el lamento
ni besó las lágrimas,

definitivamente

los justos
se han perdido
por los pasillos del olvido.
Escribano de la ablación,

te descubriremos
en las días de la verdad
y serás enterrado
en el pantanal
del acero
y la sangre.









Mujeres, viejos y niños

olvidados
y condenados a la huida

al destierro,

ocupan el universo
de mi ternura
Me he extraviado
en el vacío
de la ausencia
aquél,
donde nace el dolor
con rostro de mujer.

Mí atavío
de desnudeces de agua
no sabe

donde el latido del grito,
donde la mano,
donde el beso.
No conozco mi origen
lo dejé olvidado
en un lamento

nacido
en la esquina de la soledad.

Hijo de las tardes rojas
siento
el vértigo de la noche
robándome los sueños.
La silueta inacabada
de caminos
preñados de huellas
huyen
con olor de otro tiempo.

¿En dónde
los huesos
son amantes de la hoguera
y de los dientes
del frío?

He de esconder al hijo.

El hambre
llena de silencios sus bocas.

En los pies desgarrados
gritaban las uñas
con voz de piedra.
La joven temblaba
en la noche de los vacíos.

En los ojos de la vieja
rondaban
los carceleros de la luz.

Las palabras
no encontraron sendas
entre los ojos de la vieja
y los sueños de la joven.

Qué fría es la soledad
1
La huida
se ha quedado sin camino,
los pies sin pasos.

2
El árbol
se ha vestido de soldado
y esconde su sombra.

3
La brisa
herida en las alas
no acierta a predecir
nuevos límites.
Expulsadas de su tiempo,
tienen nombres de olvido;
de sus ojos
se han borrado
las puertas de entrada y salida.

Nada interrumpe el llanto
la mano
busca la mano.

Soledad.
En la huida,
las huellas de su identidad
se han extraviado.

¡Todo se ha perdido!
En la meseta
de las llegadas
sentí las manos del viento
tejidas
entre latidos de lona.

Incoloras naves
sobre desiertos
llorando sombras
sin destino.
En los oasis de artificio,
donde
el enterrador de occidente
abandona la carne perseguida,

el canto
es del color del aire
que nace en las dunas.

Del vientre
vacío de esperanzas
nace el futuro
con arena en la mirada.
La madre perdida
sangra por sus pezones,

el niño duerme
con sábanas de hambre.

¡Niño no despiertes!
En el rincón
de las aguas malditas

al nacido
refugiado de nombre,
le calzan
los pies con viento
y borran su vuelo
para que sea ignorado.
En el destierro
los pechos sin leche
miran a Occidente.

La luz
olvidó el lamento
en su viaje de ida.

En su viaje de vuelta,
la leche para el niño.
Infancia
vestida con muros de arena.

En el hábito de pedir
creciste.

En los días de sufrir,
te hiciste hombre.

En los demás soldado.

Portador del trueno

la rabia estalla brutalmente
desgarrando los horizontes
en el atardecer
de todas las plazas.










Qué triste la oscuridad.

Amado
es frío el burka.

Libérame
Con sabor de rocío amargo
y la mirada de ayer rota

me siento atrapado
en la esquina
de los silencios.

Presiento sombras dolidas
en la avenida
que ha olvidado
el deseo de los espacios.
Del telar
de las ventanas carcelarias,
el amo
escupe nudos de silencio
para trenzar oscuridades.

Desgarrados
los dedos del relámpago
mueren
en la levedad
de tu aliento.

La nieve
de los rigores blancos
se establece
en tus mejillas cautivas.
Todos los trazos
dibujan patios enlutados

Las páginas del saber
ignoran el nombre de mujer

Todas las rutas conducen
al rincón
de las voces vacías.

La impostura del pensamiento
prevalece.
Te presentí
tras el velo,

con los ojos rebeldes
soñando libertades.

¿Dónde los tiempos,
dónde las distancias,
dónde las ausencias?
Tú paso cruza
sin dejar huella
el vientre de la calle
desconoce tu mirada.

La tristeza se esconde
tras la esquina del miedo.
¡Qué extraño dios que niega
la mirada que nace,
la mirada que busca!

La mirada libre,

la mirada que ama,

la mirada que ríe.
Qué buen momento
para morir

callando oscuridades.

Qué buen momento
para vivir

gritando libertades.










¿para la lapidación
ha creado dios la piedra?

¡a ti creyente te pregunto!

que inhumana es tu mano
Cansado siento mi aliento
caminando
por las mejillas africanas.

Su atardecer
escribe en el viento
el grito de la indiferencia.

Las agonías largas
escriben en la plaza
versos para el dolor oculto.
¿Qué voz
ha roto el silencio
en la plaza?

¿Qué furia
empuja la mano
que transforma la piedra
en paloma negra
con mensajes
de muerte?

¿Qué veneno
recorre los templos?

¿Qué brutalidad
pasea en las calles?

¿Qué oración de muerte
brota en los labios?
El clamor
de la muchedumbre
llena el espacio de odio.

El libro
de las lapidaciones
escupe sus versos.

Uno tras otro
arrancan a golpes
los días de sonreír
a otra mujer
víctima de la obscuridad.

¿En donde los justos?
Los verdugos
en su fanatismo
ocultan el crimen a sus ojos,

y cierran
los últimos latidos de la vida
en el saco de la soledad.

¡Qué oscuro
el último aliento!








Y fue hallada
en el prostíbulo de occidente.

Su última risa
aun se pasea
en otro día.

Anoche fue secuestrada
De nuevo sentí
la soledad.

Otros gritos
otras lágrima
anidan en otras mejillas.
Del mundo de la abundancia
Brotan las voces del miedo.

El llanto se establece
en las tripas del terror.

El muro
que sueña grafitis
olvidó los colores.
La rueda de la infamia
siembra esclavas,
sus recodos
son rutinas de crueldad.

Qué fácil el engaño,
qué doloroso el camino,
qué maldita la llegada.
El horizonte,
vacío de caminos,
sólo sueña confusión.

La voluntad
forzada a la lujuria
se pierde
entre tabiques de soledad;
nadie atiende al llanto
en los rincones.

La mercancía de carne joven
sueña libertades.

El ánimo se ausenta,
la angustia se establece.

El raptor
impone las reglas
de la ignominia.







Y desperté en el zoco
de la opresión de genero.

Gran supermercado de la frivolidad,

ya veo

han puesto a la venta
-dos por uno-
los instintos de fiera.
Me encontré temblando
en la ventana, sin horizonte.

La puerta
de entrar a las palabras
no conocía el abecedario;

los tonos hartos
vomitaban olvidos,

¡qué triste es
el libro del silencio!
Todos oyen las voces,
todos siguen rondando
las esquinas de la indiferencia,

mientras,
la brutalidad
establece sus turnos de vigilia
para eternizar el golpe.
En los códigos de la ley
crecen trágicos arpegios
de olvidos y falsedades.

Estrechos los pasillos
de la justicia
la luz no encuentra espacios.
Las noticias de la mañana
hablan de muerte.

Todos vuelven el rostro
y esconden el gesto.

Otra mujer queda olvidada
entre flores de hielo.

Las noticias
de todas las mañanas
hablan de más brutalidad.

Más muertes,
más muertes…






Epitafio.


Aquí descansa una especie
que descubrió el camino
más corto para su autodestrucción.

Utilizó el poder
para oprimir a sus semejante
y violar las más elementales
normas de convivencia..

¡Descansen en paz estúpidos!

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